Era
de esperar. La nueva sentencia a muerte del depuesto presidente Mohamed Morsi y
otros destacados dirigentes de los Hermanos Musulmanes no ha sorprendido a
nadie si bien, obviamente, ha airado a los millones que le apoyan y a los defensores de los derechos humanos, como es natural. Condenado
por su fuga violenta de la prisión de Wadi Natrum el 28 de enero de 2011, junto
con muchos otros miembros de su cofradía, con el apoyo de Hamás, Hizbullah y
algunos beduinos de la Península del Sinaí, suma sentencias lo suficientemente
duras y largas como varias vidas. Es, sin duda, la suerte que corren los
perdedores en las guerras, aunque en este caso, el enfrentamiento entre los
militares y los islamistas egipcios, no haya adquirido el calificativo de
bélico.
lunes, 18 de mayo de 2015
domingo, 19 de abril de 2015
EL GENOCIDIO ARMENIO, CIEN AÑOS DE NEGACIÓN TURCA.
No me cabe duda de que son miles, decenas de miles, cientos
de miles e, incluso, millones, los que opinan que “revolver el pasado” y asumir
los malos actos que se han cometido no sirve para nada. Lo pasado, pasado está. Hay que mirar hacia delante y sacar
provecho de las oportunidades que se nos presentan. Y, casi siempre, es cierto.
Pero, hay ocasiones que intentar avanzar sin cerrar viejas heridas, hacen que
éstas se enquisten y, con el paso del tiempo, vuelvan a supurar, incluso con
más virulencia.
Sin duda, no podemos responsabilizarnos por los actos que
han cometido nuestros padres, abuelos y bisabuelos, aunque tengamos que vivir
sus consecuencias, pero, sí podemos y debemos reconocer los hechos, los
acontecimientos y sus resultados. Es nuestra obligación, primero, para con
nosotros mismos, para poder aceptar nuestra historia, nuestros orígenes y el
legado que recibimos de nuestros ancestros. En segundo lugar, para poder
transmitir a las siguientes generaciones, a nuestros hijos y nietos, el conocimiento
y que, así, puedan aprender con el ejemplo. Y, en tercer lugar, para intentar restituir la memoria, resarcir el
honor y, sobre todo, paliar, en la medida de lo posible y pese a la distancia
temporal, el dolor que las viejas heridas sin cerrar producen en el alma y en
la conciencia colectiva.
Estoy convencida de que el reconocimiento del holocausto perpetrado
contra los judíos, de manera mayoritaria aunque, conviene recordar que no
exclusiva, por parte de los nazis, constituye, aún hoy en día, un recuerdo muy
amargo para los alemanes como, también estoy convencida, de que no ha podido
paliar el dolor de los judíos. Pero, ¿qué
hubiera pasado si no se hubiera reconocido? Probablemente, los alemanes se
sentirían menos avergonzados con el recuerdo de su historia, algunos radicales,
incluso, podrían negarlo para justificar comportamientos brutales y, tal vez,
los judíos sentirían además, de la humillación del olvido, el deseo de
venganza. Todos sentimientos humanos, comprensibles aunque no deseables. Pero,
para eso están los estudios históricos, para investigar, descubrir, analizar y
dar a conocer los acontecimientos tal y como sucedieron.
Hoy, hablar de los nazis es hablar del horror, de la
sinrazón, de la locura contagiosa y de uno de los episodios más negros de la
historia contemporánea que nunca debe olvidarse y, que, por el contrario, debe
de seguir siendo objeto de un estudio detallado y una divulgación intensiva,
sobre todo, para que no vuelva a repetirse.
Pero, los nazis no fueron los que cometieron las primeras
atrocidades del siglo XX y tampoco fueron
los únicos, aunque lo parezca. Y, ello es debido, a que, frente a la activa
campaña desarrollada por los judíos para que se investigara y reconociera el
genocidio cometido contra ellos, otras comunidades no han podido, no han sabido
o no les han dejado hacerlo. Este es el caso de los armenios.
El
24 de abril se conmemorará el aciago centenario del genocidio armenio a manos
de los otomanos, un genocidio tan desconocido como
negado pero, no por ello menos real ni menos doloroso. La fecha escogida para
esta conmemoración se corresponde con la del día en que la policía otomana
entró en los domicilios y arrestó a unos 250 intelectuales y líderes armenios
que vivían en Estambul, para trasladarlos a los centros de detención de Chankri
y Ayash, cerca de Ankara, donde, la mayoría fueron ejecutados. De ahí que se le
denomine “domingo rojo”. El objetivo de esta actuación era privar a la
comunidad armenia de cualquier líder que pudiera dirigir su resistencia.
Al mes siguiente, el ministro del interior otomano, Mehmed Talat Bey, solicitó al gobierno
y al gran Visir Said Halim Pasha, la
legalización de una orden para la “relocalización y reasentamiento de los
armenios”. Esta orden se sustanciaría con la denominada “Ley Tehcir” del 29 de mayo de 1915, la cual supuso la deportación
masiva de armenios.
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| Armenios escoltados por tropas otomanas en su traslado a la presión de Mezireh. 1915. Fuente: Wikipedia. |
Las cortes marciales turcas de 1919 a 1920 reconocieron el
genocidio armenio pero, con la llegada de Kemal
Ataturk al poder, no sólo los condenados recibieron una amnistía sino que
el gobierno turco adoptó una política de negación que se mantiene aún hoy en
día. Esta política de negación se justifica en una multitud de argumentos pero,
sobre todo, en el excluyente
nacionalismo turco. En un estado fundado en unos principios étnicos
territoriales exclusivistas, admitir que había millones de personas habitando
ese país, cientos de años antes que ellos y, por lo tanto, con tanto derecho o
más que ellos, supondría aceptar que los fundamentos de su nación son ilegales
e históricamente manipulados.
Desde el punto de vista del gobierno otomano musulmán, el
creciente nacionalismo armenio, las revueltas que habían tenido lugar años
antes en Sasun, Zeitun y Van y la colaboración de voluntarios armenios en
algunos ejércitos rusos – en aquel momento enemigo – colocaron a los armenios
en la posición de traidores a la patria. Asimismo, según los otomanos, la ley
de deportación, se basó en una necesidad de garantizar la seguridad del
territorio en tiempos de guerra y no estaba dirigida a una comunidad concreta.
Por
otra parte, el que Turquía no haya sido formalmente acusada y condenada por un
tribunal especial constituido de acuerdo con la Convención
de las Naciones Unidas para la prevención y castigo del crimen de genocidio de
1948,
la inhabilita, según este estado, para reconocer un hecho como genocidio cuando
no ha sido judicialmente calificado como tal.
Lo cierto es que los turcos, no sólo deportaron a cientos de
miles de armenios sino que, con ayuda de algunas tribus kurdas, saquearon y
asesinaron a todos aquellos que permanecieron en los pueblos y ciudades de
Anatolia oriental. Así que, además de una limpieza étnica y religiosa, que
permitió eliminar a los armenios cristianos del territorio turco, se hicieron
con propiedades y riquezas no calculadas y, por las que no se ha pagado nada.
Llámesele genocidio o asesinato en masa, lo cierto es que los otomanos en los estertores de
su imperio aniquilaron a la comunidad armenia de Anatolia,
utilizando para tal fin a los kurdos a quienes se les alentó a colaborar en
base a la solidaridad musulmana y la obtención de un sustancioso botín. Ironías
del destino, poco después, serían los kurdos los perseguidos y masacrados por
Turquía.
Quizás los armenios, asirios, kurdos y los miembros de otras
comunidades que habitaban Anatolia a comienzos del siglo XX y que fueron
asesinados por los turcos no asciendan a los seis millones de almas que
perecieron en el holocausto, aunque seguramente alcanzan los tres millones, cifra,
de por si, escalofriante, sin embargo, se merecen el reconocimiento internacional
y, sobre todo, el de la República de Turquía, heredera de los otomanos[1].
Entre tanto, sirvan estas palabras como modesto
reconocimiento de uno de los episodios más negros de la historia del siglo XX y
de mi respeto por todas los armenios masacrados por los turcos, uno de los
grupos étnicos más crueles de la era contemporánea.
[1]
Para aquellos que desconozcan o no se crean la envergadura de esta masacre, les
recomiendo que visiten la galería de fotografías de la siguiente página web: http://www.genocide-museum.am/eng/online_exhibition_3.php
miércoles, 15 de abril de 2015
YEMEN DECONSTRUIDO.
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| Fuente: Wikipedia. |
Cuenta el Antiguo Testamento que, hubo una época en la que,
en esta tierra, se cultivaban las especias más valiosas de la tierra y que su
reina, la hermosa Saba, cautivó al rey más
poderoso y sabio, el judío Salomón. Cuentan las crónicas que los jardines de Mahrib,
la capital de Saba competían en belleza con los que hubo una vez en Babilonia y
que, la mítica región de Hadramaut se enfrentó al
reino de Saba contra el que perdió, lo que le obligó a explotar sus recursos
naturales para sobrevivir. Conquistados y unificados los reinos del sur de la
Península Arábiga por el rey Shammar Yuha
en el 300, nunca recobrarían su grandeza, ya que, desde entonces, el territorio
que hoy conocemos como Yemen, se vio sometido a los sucesivos vasallajes de las
diferentes civilizaciones invasoras: los califatos árabes musulmanes a partir
del 630, el Imperio Otomano, el Persa, los sauditas, Gran Bretaña…
jueves, 19 de marzo de 2015
EMERGENCIA HUMANITARIA DE LOS REFUGIADOS EN EL KURDISTÁN.
| Niño refugiado en un campamento en del Kurdistán. Fuente: Kurdistan Safe The Children. |
Hay aniversarios que sería mejor no tener que recordar. Hay
fechas que, en lugar de traer esperanza para el futuro sólo nos hacen constatar
lo lejana que se halla la solución a nuestros problemas. Hay días en los que
mirar el calendario sólo hace que se nos salten las lágrimas. Y lo que llevamos
del mes de marzo se está llevando la palma a la triste memoria de los desatinos
de la humanidad en Oriente Próximo.
jueves, 26 de febrero de 2015
EL MUSEO DE MOSUL ARRASADO.
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| Fachada del Museo de Mosul |
Ningún edificio, ningún monumento, ninguna estatua, ningún
libro, ningún cuadro vale lo que una vida humana. Eso es indiscutible. Cada ser
humano, desde el más ilustre al más humilde tiene un valor incalculable, o así,
lo creí yo hasta hace no mucho tiempo. Pero, en los últimos meses me enfrento a
un gran dilema moral debido al choque entre una realidad horrible y mis fuertes
convicciones basadas en el respeto absoluto a los derechos del hombre y al
imperio de la ley. Sin ley no hay justicia, y sin justicia no puede haber ni
libertad ni seguridad. Creo que cualquier conflicto puede dirimirse de manera
pacífica y sólo el fracaso de la inteligencia o intereses ajenos al bien de la
sociedad acaban desembocando en la violencia.
viernes, 20 de febrero de 2015
YEMEN, LA ÚLTIMA FRONTERA.
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| En rojo, zona bajo control Huti. Fuente: Wikipedia. |
Mientras
la atención internacional tiene su mirada puesta en lo que sucede en el campo
de batalla de Ucrania y en las mesas de negociación europeas, a la espera de
que fracase el nuevo alto al fuego entre los fieles al gobierno de Kiev y los
rebeldes pro-rusos así como, en el intento del ejecutivo griego por derribar el
muro de intransigencia de los que dirigen la política económica del viejo
continente, kilómetros al sur tiene lugar un drama que apenas ha suscitado otro
interés que un par de líneas en los medios de comunicación. Unas líneas
referidas no al conflicto en sí, sino a las consecuencias que tienen para los
occidentales, es decir, el desalojo de las delegaciones diplomáticas en Saná,
la capital del Yemen.
domingo, 15 de febrero de 2015
ATENTADOS EN COPENHAGUE.
Un mes y una semana. Ese es el tiempo que ha transcurrido
desde que unos hermanos fanatizados por un lado y un islamista por otro,
sembraron de horror sangriento la sede del semanario satírico Charlie Hebdo y
un supermercado judío en París. Doce muertos y once heridos, un número de bajas
que a los radicales, sin duda, le parecen escasas y que, a las personas de bien
nos parecen terribles. Los objetivos diversos: por una parte, la libertad de
expresión, que muchos tachan de burla irreverente innecesaria y otros califican
de crítica imprescindible contra el avance del fanatismo y, por otra, el milenario
chivo expiatorio, el judío, ese ser abyecto al que cristianos y musulmanes
llevan persiguiendo con saña desde hace siglos, sin otro motivo aparente que
vengar el cruel comportamiento de sus ancestros con Cristo o el conflicto
israelí-palestino. Objetivos tan absurdos como obsoletos que, sin embargo, siguen ocasionando muerte y dolor.
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